viernes, 1 de enero de 2016

Lo que es y lo que no es ser un discípulo


Cuando nuestro Mesías estaba por ascender a los cielos, tomó tiempo para dejar las últimas instrucciones a sus seguidores, y esto fue lo que les dijo:
Mat. 28:19-20  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Esta instrucción profética es parte del plan que el Padre diseñó desde el principio de la historia de la humanidad, que era necesario que el trajera a su pueblo de regreso de los cuatro confines de la tierra.

Luc. 21:24  Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan 
Gén 48:17-19  Entonces viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le pesó en sus ojos; y tomó la mano de su padre, por quitarla de sobre la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.  Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza. Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también acrecentado; pero su hermano menor será más grande que él, y su simiente será plenitud de gentiles.
Rom. 11:25  Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes acerca de vosotros mismos; que la ceguedad en parte aconteció en Israel, para que entre tanto entrase la plenitud de los gentiles;
Jesús dijo que hiciéramos discípulos, no convertidos. Es de suma importancia que entendamos esto, porque antes de ir y hacer discípulos tenemos que reconocer que todos somos discípulos, que todos estamos en este proceso de ser como el Maestro. Pero es difícil entender un concepto si no somos puntuales con las definiciones, así que iniciemos por precisar lo que significa la palabra discípulo.

En el Antiguo Testamento encontramos la palabra discípulo en primera de Crónicas:
1 Cr. 25:8  Y echaron suertes para servir por turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.
En hebreo se dice: “Talmid” y significa alumno, la raíz de esta palabra es “lamad”; propiamente significa aguijonear, (siendo la vara un incentivo oriental):- acostumbrar, adiestrar, aprender, domar, ensayar, enseñar, instruir, hábil.

En griego encontramos este término en Mateo:
Mat. 10:24-25  El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?
En griego se dice: “Madsetés” y significa alumno:- discípulo, la raíz es madséo, y significa aprendiz, saber, estudiar.

Entonces un discípulo por definición es uno que aprende, es adiestrado, entrenado y corregido en algunos casos con el incentivo de la vara de la disciplina, con el propósito de acostumbrarlo para que sea hábil. El discípulo aprende, y ensaya lo que su Maestro le instruye a hacer, porque su meta es ser como él.

Así que teniendo la definición precisa podemos aclarar lo que no es un discípulo:

  1.             Un discípulo no es uno que tomó una clase o que ha estudiado un manual de discipulado (llámese Plan Maestro de Discipulado Cristiano, Perfeccionando a los Santos, Nueva Vida en Cristo,  ¿Qué es un Cristiano?, o su manual de preferencia. Ahora no estoy diciendo que un discípulo no pueda o deba estudiar algún material en particular, puede ser una herramienta útil de estudio, pero eso no es lo que lo que te hace un discípulo.
  2.             Un discípulo no es uno que hace su devocional todas las mañanas, ciertamente un discípulo necesita ser un estudiante diligente de la Palabra de Dios, y necesita orar todos los días, pero hacer eso no te hace un discípulo.
  3.            Un discípulo no es alguien que asiste a un grupo pequeño y a la celebración de la iglesia. No tampoco estoy diciendo que un discípulo no deba congregarse y reunirse con otros a estudiar la Biblia, pero reunirte, no te convierte en discípulo.

Entonces ¿qué te convierte en un discípulo?

Primero necesitamos recordar, que un discípulo es uno que sigue a un maestro, aprende de él, se deja corregir por él, y le permite entrenarlo hasta que es un experto, ¿quién es nuestro Maestro?, eso es fácil, nuestro Maestro es Jesús el Mesías, o Yeshúa de Nazaret como le decían sus primeros seguidores, y me encanta su nombre en hebreo porque significa “Salvación”.

La mejor manera de descifrar el misterio es dejando que sean las mismas Escrituras las que nos definan el proceso de convertirnos en discípulos del Mesías de Israel.

1.       Mat. 16:24  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
a.        Ser discípulo del Maestro Yeshúa es negarse a uno mismo, eso significa decirle no a lo que yo quiero, a lo que mi carne anhela, después debo tomar mi cruz y eso significa simplemente morir y seguirle. Suena muy dramático, pero es simple, para nacer de nuevo tienes que morir, el grano tiene que morir, después caer en tierra y hasta entonces podrá germinar y producir fruto.

2.       Juan 8:31  Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
a.       Si anhelas ser un discípulo del Mesías es necesario permanecer en su Palabra, no se trata sólo de conocerla, pero tienes que estudiar toda su enseñanza, todo lo que dijo, necesitas volverte un experto en las letras rojas de la Biblia, cuando estudias la Biblia necesitas usar a Cristo como mentor, como intérprete, como el contexto de todo lo que leas, todo lo que entiendas de la Escritura tiene que concordar con sus Palabras y su enseñanza, porque el no vino a decir nada que no haya salido de la boca del Padre y esto nos lleva al siguiente punto.

3.       Juan 15:10  Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
a.       Jesús dijo que si permanecemos en su Palabra seremos sus discípulos, y el Juan 15 (y te recomiendo que lo leas completo) dice que permanecer en las palabras del Mesías es obedeciendo sus mandamientos, igual como el obedeció los mandamientos de su Padre. Así que permanecer no es sólo conocer sus instrucciones, es obedecer sus mandamientos, y sólo para aclarar, los mandamientos del Padre, son los mismos de Jesús. Juan 14:10  ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

4.       Mat. 7:21  No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Mat 12:48  Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.
a.       Si dices que el Mesías es tu Maestro entonces harás la voluntad del Padre, Jesús no contradice nada de lo que el Padre que lo envió instruyó a su pueblo a hacer, así que un verdadero discípulo tomará tiempo para conocer la voluntad del Creador del universo desde Génesis hasta Apocalipsis, no te preocupes, tienes toda la vida para aprender y practicar, pero empieza hoy. Obedecer al Hijo es obedecer al Padre, y honrar al Padre es honrar al Hijo, (Jn. 12:44, Jn. 5:23,)

5.       Juan 13:35  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
a.       Una clara evidencia de que eres discípulo de Yeshúa es que amas a los demás, y la definición de amor, si la recuerdas es hacer lo correcto por los otros, es cuidarlos como un regalo preciado, no tiene que ver con sentimientos, sino con la decisión voluntaria de no hacer nada que los dañe y todo para protegerlos. No hablas mal de ellos, no les robas, no codicias, no murmuras ni levantas falso testimonio y haces lo necesario para cuidar su santidad y relación con Dios.

6.       Juan 15:8  En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos
a.       Un verdadero discípulo del Mesías, lleva mucho fruto, y esto a veces se confunde con ser evangelistas y llevar muchas personas a la iglesia, y aunque compartir las buenas noticias es una responsabilidad de cada creyente esto no es lo que significa bíblicamente llevar fruto. El fruto del Espíritu de acuerdo a Cristo en Juan 15, a Pablo en Gálatas 5 y a Santiago 3 es obediencia a las instrucciones de Dios, a todas ellas, lo opuesto a producir fruto espiritual es vivir en la carne y esto significa simplemente vivir en pecado, y la definición de pecado la tenemos en 1 Jn 3:4  "Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; y el pecado es transgresión de la Ley".

7.       Isaías 8:16  Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.
a.       Un discípulo del Mesías, lleva como sello la ley del Señor en su mente y corazón, de esto se trata el Nuevo Pacto, la circuncisión del corazón y amar a Dios, el Padre trasladó su ley de tablas de piedra, a las tablas de nuestro corazón: Jer 31:31-33  He aquí que vienen días, dijo el SEÑOR, en los cuales haré nuevo pacto con la Casa de Jacob y con la Casa de Judá: No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui el marido de ellos, dijo el SEÑOR: Mas éste es el Pacto que haré con la Casa de Israel después de aquellos días, dijo el SEÑOR: Daré mi ley en sus almas, y la escribiré en su corazón; y seré yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
b.      Eze 36:24-17  Y yo os tomaré de los gentiles, y os juntaré de todas las tierras, y os traeré a vuestra tierra. Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.
c.       Deu 10:12-13,16  Ahora, pues, Israel, ¿qué pide el SEÑOR tu Dios de ti, sino que temas al SEÑOR tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; que guardes los mandamientos del SEÑOR y sus estatutos, que yo te mando hoy, para que halles bien?...  Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.
d.      Rom. 2:29  sino que es judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es por los hombres, sino por Dios.

Ahora sabes lo que significa ser un discípulo del Mesías, tu meta es parecerte a Él cada día, aprender algo y ponerlo en práctica, tienes que ser un experto en sus enseñanzas, y además tienes que vivir de acuerdo a lo que aprendas de Él.  No te engañes a ti mismo, no basta ser religioso, no te sirve de nada, un día estaremos en su presencia y hay dos cosas que podemos escucharlo decir:
Mat. 25:21-23  Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 
Mat. 7:22-23 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
La palabra maldad en griego es “anomía” y significa “sin ley”. Entonces ¿obedecer la ley nos salva? No, la ley nunca tuvo el propósito de salvarnos, la fe en Cristo es lo que te salva (Rom. 3:24), pero un verdadero creyente, vivirá de acuerdo a su fe. (Santiago 2:18), no puedes decir que crees en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y no vives como vivieron ellos (Gén 26:5), la ley te bendice en esta tierra, te hace próspero aquí (Josué 1:8), y además le dices a Dios que lo amas (Juan 14:15).  La Palabra es la semilla, la tierra es tu corazón, la raíz es tu fe, el fruto es tu obediencia. Examínate, (2 Cor. 13:5) si no produces fruto de arrepentimiento, (Gal 5), mejor empieza por arrepentirte y volver a Dios, para que entonces puedas dedicarte a ser discípulo del Maestro.

El discipulado del creyente empieza cuando llega a la cruz de Cristo, o si lo miras desde la perspectiva del Tabernáculo en el desierto: al altar de sacrificio (Lv. 4:26), y termina en las Bodas del Cordero o el Lugar Santísimo (Éx. 26:33-34). Es una carrera que se corre en un camino angosto (Mt. 7:14), y requiere perseverancia, disfruta el proceso, recuerda a quién le perteneces, y a qué pueblo has sido injertado mientras corres y llegas a la meta.

1Pe. 2:9-10  Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia

Si vas a hacer listas o proponerte un plan para este año, lo mejor que puedes hacer es ponerte como meta ser un verdadero discípulo del Maestro, créeme, todo lo demás no es tan importante.

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